Vivir sin internet: antes se podía

Hoy hace casi un mes y un año que Paul Miller, periodista de The Verge, decidió vivir un año entero sin internet ni nada que se le pareciera. Y en el fondo no es algo tan descabellado pues otros, simplemente por la edad, aún recordamos una época no tan lejana en que internet, simplemente, NO EXISTÍA.

¿no-internetTe imaginas que alguien, ahora, en pleno 2013 te suelta un simple y llano “quiero vivir sin internet“? Muy posiblemente, mi primer pensamiento sería que me encuentro ante un radical conspiranoico neoludita de quien más vale mantenerse alejado por la propia salud mental.

Pero si lo piensas por un momento, no es algo tan absurdo. Quiero decir:

  • ¿Has pensado alguna vez cuánto dependes de internet?
  • ¿Recuerdas cómo era tu vida antes de internet? Y no hace tanto tiempo: 1996 a todo estirar.

No sé si es el caso de Paul Miller, pero yo aún puedo recordar esa época en que la información te llegaba leeeeeeenta y tanto trabajo como ocio eran diferentes que a veces parece un sueño (o una pesadilla según cómo):

  • Aquellas reuniones para ver un episodio inédito de Star Trek: Next Generation que alguien había conseguido en VHS sabe Dios cómo desde las USA.
  • Aquél sentido de la maravilla escuchando a alguien que tuvo el privilegio de ver aquella película de animación de El Señor de los Anillos – El retorno del Rey que nunca llegó a nuestros cines ni televisiones (y no me refiero a la magnífica El Señor de los Anillos de Ralph Bakshi de 1978, sino a la horrenda El retorno del Rey que Rankin/Bass perpetró dos años después).
  • … Y tantas anécdotas como las que os iré comentando en otra ocasión.

Pero el caso de Paul Miller es distinto. Él es lo bastante joven como para ser casi un nativo digital, pues él mismo confiesa haber convivido con internet durante toda la vida que puede recordar. Así que su elecciòn nada tuvo que ver con la nostalgia de unos tiempos mejores y más sencillos, sino un legítimo agobio ante el grado de dependencia que actualmente experimentamos respecto a internet y el aparente alejamiento respecto a amigos y semejantes.

 Y es que, si te paras a pensar, la lista de acciones cotidianas que dependen de internet es sorprendente. Basta con ver la lista de cosas que Paul Miller decidió que no haría durante un año entero:

  • Navegar por internet, obvio
  • Ver películas por Netflix (o partidos de baseball, como casi le pasó a pocos días de iniciar su reto Offline: Peeking, buscad al final lo que le pasa en un bar de deportes)
  • Descargar programas (o películas)
  • Sincronizar su smartphone (de hecho lo cambió por un móvil “de los de antes”)
  • Manejar sus cuenta del banco por internet
  • Llamar por IP. Sí, hasta para llamar por teléfono usamos internet casi sin darnos cuenta. O si no que se lo digan a la sobrina de Paul.

Llegó a desactivar el rooter de su casa para evitar conectarse a su Wi-Fi sin querer. Incluso metió dentro del saco los SMS, pues le resultaba demasiado parecido a enviar un email de los cortitos.

Por que Paul estaba sufriendo ese bloqueo creativo que tanto teme cualquier escritor que se precie. Y había llegado a la conclusión de que la culpa era de internet. Que se pasaba demasiado tiempo respondiendo emails y atento a lo que decían sus amigos en Twitter.

 Y así le pareció durante los primeros meses de su año sin internet, pero con el tiempo fue perdiendo la ilusión de la novedad (¡Vivo sin internet, soy superguaaaaiiiii!) y descubrió lo que, a posteriori, parece obvio: que la causa de su bloqueo era él mismo.

Es cierto que, especialmente durante esos primeros meses dorados, se convirtió en un mejor compañero de conversación o multiplicó por 10 la cantidad de páginas que era capaz de leer de una sentada. Pero el problema seguía en su interior y terminó aflorando. Igual que nos pasa a cualquier hijo de vecino con más ideas por minuto que tiempo disponible o constancia que invertir y que, oh maravilla, conseguimos multiplicar nuestro tiempo libre (no quieras saber cómo) para terminar sin saber cómo aprovecharlo.

Paul Miller on The Verge

Paul Miller on The Verge

Y es la historia entera de Paul la que realmente me llama la atención. Porque de la misma manera que Paul y yo hemos vivido sin internet por diferentes motivos, también por diferentes motivos creo que compartimos la esencia del proceso: madurar. Él tuvo la suerte de madurar en un año gracias a su experiencia sin internet. Otros lo tuvimos pasar a cámara lenta, año tras año, día a día, pero el resultado es el mismo… aunque no todos salimos tan bien en las fotos.

 Y es por eso que no me limitaré a escribir sobre la noticia (I’m still here: back online after a year without the internet) sino que pretendo relatar su experiencia un año después con el mismo ritmo pausado que utilizó él al vivirlo.

I’m still here: back online after a year without the internet

Foto: B. Shane

 Alguien dirá que ya no es noticia, pero ya no es la noticia lo que me interesa de Paul, sino su proceso de maduración. Como un buen vino joven.

Por cierto, hoy hará justo un año que Paul descubrió que no es tan fácil hacerte el listo si no tienes internet: Offline: Ignorance

¿Y tú, aún recuerdas cómo era vivir sin internet?

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